Entre el manto negro de la noche se podian vislumbrar dos grandes dioses.
Las siluetas inhertes de las montañas descansando y dormitando.
El cielo mantenia colgadas de él infinidad de estrellas que iluminaban el sueño de la calma y su inocencia.
Mis ojos te buscan entre las siluetas juguetonas y en tristecen, pero los mios admiraran la calma por los dos.
Quisiera amanecer bajo el cielo claro y azul junto a tí, pero está lleno de neblinas que me acompañan.
Regreso sola a casa, escuchando el sonido de la música, ávida de añoranza por tí, sintiendome pequeña ante la inmensidad de la naturaleza que va despertando para ser devorada su tranquilidad por los humanos.
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