LA CHICA DE LA VENTANA 25/05/2006
(nota: lo retomo en mayo de 2010)
Todos los días a tres de la tarde, Javier se asomaba a la ventana de su aula, frente a ella, a través del cristal veía a aquella profesora a la cual no conocía, pero admiraba. Había indagado sobre ella, discretamente, pero solo acertó a saber que impartía las clases de historia contemporánea.
Solían cruzarse por los pasillos de la Escuela de Adultos y de música, pero no se atrevía a hablarle, solo el típico saludo, “buenas tardes” o “buenas noches” pero nada más, Javier bajaba la cabeza, queriendo disimular su ansia de entablar conversación con ella.
Uno de tantos días en los que bajaba a la planta baja a tomar café, oyó a uno de los alumnos llamarla por su nombre. ¡Eva! Él sonrió, ¡por fin sabia su nombre! ¡Eva! Le sonaba a gloria.
Javier es profesor de música. Ambas escuelas están en el mismo edificio. Separadas por el tragaluz, un aula enfrente de la otra.
Él solía sentarse al piano de cara hacia la ventana y desde allí, mientras sus ojos veían a Eva dando clase, sus dedos buscaban las notas que de su corazón salían.
-¿Qué día me atreveré a decirle algo más que un mísero saludo?
-pensaba Javier.
El curso iba terminando. El invierno había cedido su espacio a la primavera. Los días eran más largos y con la claridad, Javier veía a la chica de la ventana cada vez más hermosa.
Mientras, sus dedos se iban deslizando por las teclas de su piano, componiendo aquella melodía con cara de mujer desconocida, a la vez que para él, inalcanzable.
La timidez de Javier se anulaba cuando cogía uno de sus dos instrumentos preferidos, el piano y el saxofón, y se dejaba llevar, haciéndolos sonar al ritmo de su imaginación y sus sentimientos, con ellos expresaba todo su interior, todo lo que le gustaría decir a la profesora de historia, mediante sus notas musicales y no sabía decirle con palabras.
Mientras él componía, ella relataba los temas, ajena a todo. Las notas adornaban las palabras en el aula de historia. Eva miraba por la ventana pero no veía a nadie, él había puesto sus instrumentos estratégicamente, de forma que solo él la veía, pero ella a él no. Eva oía las notas musicales, las cuales agradecía, al fin y al cabo, dar clase de historia con un hilo de música de fondo, hacia que los alumnos estuvieran más atentos y fuera más amena y agradable. Aunque no sabía quien era la persona que hacía sonar esas melodías y menos aún que se inspiraban en ella.
El curso escolar llegó a su fin y con ello las vacaciones ansiadas por la mayoría de la gente. El centro cerro hasta el próximo curso. Javier estaba triste, tenían que pasar más de dos meses hasta el inicio del nuevo curso y no vería a la chica de la ventana, a Eva. Había dejado que pasara todo el curso sin atreverse a decirle nada.
La escuela de adultos celebro el fin de curso por un lado y la escuela de música por el suyo, ambas eran independientes dentro del mismo edificio.
Al llegar septiembre, los directores de ambas escuelas se reunieron y pensaron que podían hacer una pequeña fiesta de bienvenida todos juntos para celebrar y motivar el inicio del nuevo curso.
Para Javier, esto suponía una gran alegría, el profesorado del edificio compartido se reunirían por primera vez.
Cuando llego el tan ansiado día, el incipiente autor de entrañables melodías se fue preparando, par llegado el momento saber reaccionar con madurez. Javier tenía 22 años.
El día programado para la fiesta llego y éste busco a la chica de la ventana, pero no la encontraba, pensó que llegaría mas tarde.
Los profesores fueron presentándose. Una señora se le acercó.
-Hola, tu debes de ser de la escuela de música…-Le increpó la señora.
-Si, hola soy Javier, el profe se saxo y de piano.-Le dijo dándole dos besos en la mejilla.
-Encantada, yo soy Carmen, la nueva profesora de historia.
Javier se quedó paralizado, no se lo esperaba y en aquel momento se dio cuenta de que ese tren que solo pasa una vez en la vida y se detiene por un momento esperando que subas, lo había perdido a lo largo del curso anterior.
Javier había puesto todas sus ilusiones en el nuevo curso, pero el destino le había gastado una mala pasada.
La profesora de historia, Eva, la chica de la ventana, ya no estaba, la habían sustituido y él no sabía porque. Javier era un muchacho joven y tímido, por lo que no se había atrevido a preguntar que había pasado con Eva, donde podía estar. Se lamentó de no haber hablado con ella el curso anterior.
-¿A quién irán dirigidas ahora mis melodías?- se preguntó
Mientras, como esperando que el viento le hiciese llegar sus notas hasta donde estuviese Eva, siguio deslizando sus dedos por las llaves de tacto de su saxofón. Notas que parecian rasgadas por la impotencia, pero de una elegancia expresada, digna de cualquier oído sensible que le transportaba a rincones maravillosos y vírgenes donde solo se oía el susurro del viento y el latir de las olas del mar, fundiendose con las notas del saxofón.
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